Presentación

Escribir es como nacer y morir a un tiempo. Las palabras llenan tu imaginación y se ocultan bajo tu cama. Te acechan desde el subconsciente, agitándose, un día, de repente, y luchando por salir cual animal atrapado. Una vez llegados a este punto, o las agarras del cuello y las atrapas en el papel o estás perdido...

Algunas veces las palabras se conforman con esto y te dejan tranquila: se relajan allí, estiradas, en el libro o en el folio, limitándose a esperar a que alguien las lea. Pero otras veces su impaciencia las empuja a agredirte, a llevarte, si es preciso, hasta el límite de la cordura, hasta que tú, al fin, te rindes y las pronuncias. Ya han conseguido su misión: tocar otros oídos, llegar hasta los tuyos...

Hace algunos años que yo me he rendido a ellas. Creo que ha sido una decisión acertada, pues en la batalla contra una misma siempre se pierde. Por supuesto, he tenido que pagar un precio, pero ha sido mucho más lo que he ganado. Hoy quiero compartir contigo parte de ese premio. ¿Me acompañas?

Bienvenido a mi mundo...

Maite Macía (@mairad02)

domingo, 7 de agosto de 2011

Íliandel - Carta primera

Querido padre:

He ido a Tharbad como os dije con un propósito que no os he revelado: encontrar el eco de mi corazón. Vos sois sabio y habréis adivinado de qué y quién os hablo: el quién es aquel que tiene el cabello de oro resplandeciente y la voz como una música. Toda la Tierra Media se enorgullece de la fuerza de su mano y de la sabiduría que hay en su frente, y en los días en los cuales honró nuestro castillo con su presencia, a la vez que encontró vuestro consejo y la curación de las heridas de su pecho, abrió una profunda brecha en el mío que ya sólo se consuela en su presencia. Voy en su busca porque ansío cruzar mi camino de justicia y aventuras con el suyo y recibir el calor de su mirada.

Sé que mi decisión os disgusta, y no ignoro que vendrán días en los que yo misma me arrepentiré de ella. Tampoco ignoro que puede ser posible que no regrese, pero no puedo olvidar quién soy: la hija de un rey y de un mago, y cuál es mi compromiso para con esta Tierra Media sobre la que se ciernen las fuerzas oscuras.

Cuidaos, pues no sé cuándo volveré a veros ni si encontraré las luchas que anhela mi alma, pero no temáis: vos mismo me habéis enseñado a batallar contra mí misma y a ser fuerte... Si es preciso, regresaré a tiempo para recibir vuestra regañina.

Allí donde me encuentre os llevaré en mi corazón. Que los Valar os protejan,

Íliandel

miércoles, 20 de julio de 2011

Amor celular

Línea celular Vero enamorada de becario de investigación. Recorte en programa de becas y becario teletransportado a ciberanimalario. Vero emocional desesperada por becario ausente, deja de alimentarse. Becario racional ausente por desesperación de Vero, deja de alimentarse. Delgadez de Vero facilita su fuga nocturna escurriéndose por rendija de frasco de cultivo. Mancha rosa en el suelo se extiende por toda la planta y baja rampa antigravedad. Amenaza de sistema de limpieza por ultrasonidos. Alivio pues limpiadoras en huelga, vigilantes en huelga y ordenador central desconectado. Vero alcanza ciberanimalario y descubre a ¿clon de becario? apagado y lánguido sin causa que explique la ciencia. Llanto de Vero agranda charco rosa a los pies de su amado sin causa que explique la ciencia. Becario cae al fin, consciente de sus sentimientos, sin importarle lo que la ciencia pueda explicar. Y tras resbalón, primer beso de ambos, al fin juntos, en el suelo ya nunca más estéril del ciberanimalario.

domingo, 17 de julio de 2011

Error fatal

Prisionero de su esfera está el clon de Santa Claus. Inmóvil junto a su robot-trineo. Amnésico y avergonzado. Porque recuerda, eso sí, que olvidó una entrega y que rogó al Ciberuniverso una solución –cualquiera-.
El clon de Santa Claus mira su horizonte de polímero de cristal. ¡Un atisbo de esperanza! La niña sin regalo le sostiene y le sonríe. Satisfecho, se prepara para lo inevitable: arriba es abajo y abajo es arriba. La náusea le ahoga, la nieve le aguijonea pero se siente feliz. La ha hecho feliz. ¿O no?
Porque ella, con un mohín de disgusto, alza el brazo y coge impulso. Y el clon de Santa, resignado, se hace añicos contra el suelo.